Alison Canales Fuenzalida, Chile – Profesora de Filosofía y Mg en Gestión Cultural

Soy Alison, mujer buscadora por naturaleza, con mi capacidad de asombro siempre alerta para descubrir el mundo y a quienes viven en él. Soy madre de tres hijos, dos ya terminando sus estudios profesionales y un tercero comenzando la adolescencia, me separé de su padre hace cinco años, tras un largo proceso de reconocimiento personal y de desaprender algunos aprendizajes que la educación y la cultura habían instalado en mí; sin duda un proceso enriquecedor y a la vez doloroso. Desde el año 2000 vivimos en Quilpué, la ciudad del Sol, Región de Valparaíso, luego de haber vivido en las regiones de Atacama, Metropolitana y de la Araucanía.

Mi formación inicial es en el ámbito de la educación, soy profesora de filosofía, especializada en filosofía para niños, llegando a ejercer quince años, tiempo en el que desarrollé un interés, pasión y compromiso por educar nuestra niñez, lo que se tradujo en volver a estudiar, ya casada y con hijos, pedagogía en educación básica, obteniendo una licenciatura en educación, en el año 2010.

En 2014, una vez terminado mi fuero sindical, fui desvinculada, tras casi dos décadas dedicadas a la educación de niños y niñas, acompañando y liderando procesos de aprendizaje con excelentes resultados.

Así el año 2015 trajo nuevos desafíos en todos los ámbitos, los personales y familiares se irían acomodando de acuerdo a los tiempos y dinámicas propias de una separación y los laborales había que enfrentarlos con celeridad, ya que el pan en la mesa no podía faltar. En 2012 con un par de colegas, comprometidos y convencidos que la educación es la mejor herramienta para transformar el presente y con la motivación de hacer un aporte a  la educación desde un lugar distinto y con más libertad creativa, que desde los establecimientos  de educación formal, fundamos una sociedad de profesionales, con interés en la educación, el patrimonio y el desarrollo humano, lo que permitió mi llegada en 2014, al Museo Fonck de Viña del Mar, cuando éste atravesó por una crisis financiera y se nos encargó la elaboración de un proyecto para postular a un fondo público concursable.

Entonces, entre 2014 y hasta el año pasado estuve a cargo de coordinar y ejecutar dos fondos del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y dos FNDR (Fondo de Desarrollo Regional) 2% de Cultura, en el museo. Lo que permitió estabilidad económica, fortalecimiento museológico y desarrollo de la actividad cultural y educativa de la institución, la que ha beneficiado no tan sólo a sus visitantes, sino a un público escolar de sectores vulnerables y alejados del museo, en la región. Motivada por el quehacer cultural, en 2016 decidí estudiar un Magíster en Gestión Cultural, el que terminé el año pasado y que me llevó a redescubrir el mundo de la cultura, la identidad y el patrimonio, conformando varias redes institucionales. Y a una investigación de tesis, con un estudio etnográfico sobre la criancería de cabras en el valle del Choapa, acompañando, a lomo de mula, la actividad de trashumancia (cuando los crianceros se trasladan con sus ganados, a la alta cordillera en busca de los pastos estivales y a elabora el preciado queso de cabra).

Mi relato anterior, un tanto vertiginoso…a propósito, para ilustrar mi vida, la que por largo tiempo transcurrió parecida a ello. Las labores de la maternidad, la pareja y la familia, importantísimas para mí, me llevaron en lo profesional a actuar en automático, si se quiere, siempre pendiente de los hijos y la familia. El trabajo de profesora, además de mal remunerado, es muy exigente, hay que entregar mucho tiempo familiar y personal a la revisión y preparación del material. Por lo tanto, mis fortalezas corrieron, también, en automático y en el anonimato. Es en estos últimos años y con la madurez que otorga el medio siglo, pero con la juventud intacta, hay que decirlo jajaja… puedo ver mi perseverancia, compromiso, la pasión que pongo en lo que emprendo, una cierta estrategia para enfrentar los desafíos, siempre escoger o emprender un trabajo en un campo que sea de mi interés. Porque si laboralmente hay algo nefasto, es trabajar en lo que no es del propio agrado o interés; distinto si, de tener que enfrentar procesos complejos, lidiar con lo contractual o personas que poco aportan al trabajo en común.

Para este 2019 el museo perdió, por un tecnicismo, el fondo que cancelaba mis honorarios y aquí estoy de nuevo, frente al desafío, imaginando e inventando el futuro. Echando mano a todas esas ideas un poco postergadas por las obligaciones y compromisos laborales. Y ya tengo unos proyectos encaminados y sus posibles medios de financiamiento. Y desde la sociedad de profesionales, también tenemos un par de propuestas para realizar este 2019.

Para terminar, lo más importante en mi caso y que se relaciona con el éxito, entendido este como la felicidad, satisfacción y realización con lo que hago, es haber aprendido a escucharme y escucharme activamente. Lo anterior, sumado a la planificación, las redes de apoyo, una buena gestión de los recursos, se traduce en un resultado fantástico: desarrollo profesional, más la remuneración esperada (lo que no es fácil) y la administración eficaz de los recursos. Si existe la posibilidad de tomar un curso de estrategia profesional de mujeres, recomiendo tomarlo, pudiendo ser un gran aporte en el desarrollo personal y profesional de tantas mujeres que buscan y de las que seguimos buscando ser mejores profesionales.

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