Emilia Fernández Lorca, Chile – Productora Teatral

«Mi mayor éxito: Ser la protagonista de mi historia».

Soy Emilia Fernández Lorca, 57 años, casada, tengo 2 hijas y 2 nietos. Estudié Educación Básica, pero he ejercido profesionalmente como, Productora Teatral durante 36 años.

Me gradué y al hacer mi práctica profesional, en un reconocido y tradicional colegio  de Santiago, decidí no ejercer como «Educadora». Sentía en ese momento, que lo que había pensado para mí vida, no cuadraba con el modelo que este espacio laboral me entregaba. Mis sueños de educar de manera más libre y creativa a los niños, se veían amenazados por un sistema muy encuadrado y restrictivo, de jornadas poco productivas y que no tenían nada que ver con lo que yo siempre soñé y para lo cual me formé profesionalmente. Más aún,  esto me llevaría a romper con ese equilibrio y armonía interna, de poder despertar creyendo que mi vida podría ser, en la medida de lo posible, un aporte para la sociedad y que cada día además era un regalo en lo familiar y profesional.

Esta fue la razón,  por la cual,  a mis 21 años de edad, me llevó a tomar una decisión estratégica y fundamental para mí vida: «¡Yo quería ser la protagonista de mi historia!», sin importar las dificultades, la inexperiencia y los desafíos que tendría que afrontar. Hacerme cargo de lo que yo quería para mí,  era mi desafío y debía focalizar toda mi energía en buscar las estrategias laborales y personales para lograr, en esta nueva área, mis metas y sueños propuestos.

El año 1983, un año después del nacimiento de nuestra primera hija, formamos con mi marido (actor), nuestra compañía de teatro, «Teatroartes», una compañía dedicada al área de producciones teatrales, eventos y capacitaciones.  Asumí, hasta el día de hoy, el cargo de «Productora Teatral». Éramos solo nosotros dos, sí, el era actor yo sería la productora, y ahí estábamos dos jóvenes luchando por sus sueños y por nuestro futuro. En este nuevo desafío, día a día,  tuve que aprender de este oficio, el cual transformaría mi vida en un camino lleno de aprendizaje y éxitos, los cuales me llevaron a conocer un mundo totalmente nuevo: aprendí de arte, teatro, diseño, ventas, administración etc., incluso la formación de  una escuela de teatro. Y como en esta carrera no me podía detener, tuve que estudiar de la manera más difícil, ya que fue la propia vida la que me fue enseñando, en cada situación  y con cada persona. También aprendí de mis errores y mis caídas. Aprendí a escuchar y  a mirar al otro, no desde mi perspectiva, sino desde lo que el otro es, a empatizar  y respetar para lograr una palabra clave en este oficio: una buena comunicación. Aprendí de los egos, así como acerca de personas que se pasan la vida entera luchando por conseguir la aprobación de otros, y a recibir sólo aplausos. De reconocer lo importante que es sentirse mirado y valorado, a ver más allá de las palabras, cómo se dice en teatro, a descubrir el subtexto de la vida, de las situaciones y de las palabras.

Conocí a muchas personas y descubrí que todos por más exitosos que seamos necesitamos sentirnos amados.  Así me siento, amada por Dios y por quienes me rodean. Ésta es otra mirada estratégica que aprendí en mi vida y en este  camino espiritual, lo que me permite hoy iluminar con más amor mi vida, por más difícil que pueda ser lo que se viva.

Respetando todas las creencias, este fue un hecho muy importante para mí, ya que también me llevó a un éxito personal, el descubrir y experimentar que yo no era sólo una mente y un cuerpo físico. Aunque sea obvio, es mi experiencia personal, la que me hizo sentir que había un espíritu que trascendía a mí existencia, lo cual ha sido muy iluminador. Descubrir que alguien había pensado mi vida para mí plenitud y felicidad,  fue un regalo que traspasó por completo mi ser. Ver mi vida,  llena de personas maravillosas  que me dan  la razón de mi existencia: mis padres, mis hermanos, mi amado marido, mis hijas y yernos, mis nietos, mis amigos y todos los que me han acompañado  y enseñado en esta historia,  me hace sentir esa luz espiritual que me transforma y conmueve, en plena libertad frente a la elección de lo que quiero y como lo quiero vivir. Todo ello, desde mi humanidad, con la clara conciencia que puedo caer,  pero también consciente que es una invitación a aprender cuantas veces sea necesario…, y está bien que así sea, sin culpas, sólo así se puede seguir creciendo.

Integrar todo esto,  fue mi mayor riqueza y mi mayor escuela. Y como en toda historia, hubo días, semanas, meses y porque no decirlo, años muy duros y difíciles, también penas y decepciones, donde no entendía nada de nada, donde tuve que repetir muchas veces y donde la claridad de las ideas del saber a dónde ir y el como ir, nublaban mi vida. Sin embargo, siempre tuve muy claro, que ello también era parte de mi historia y nadie más que yo la podía escribir. Asumí hacerme cargo de lo bueno y de lo malo, de los éxitos y de los aplausos, también de las pifias y los fracasos. Todo ha sido un aprendizaje y un nuevo amanecer.

Sin duda alguna, ya no están las mismas energías del ayer,  pero estas se pueden transformar en una sabiduría más sutil y silenciosa, la que me permite discernir las nuevas batallas que quiero enfrentar, para así poder seguir escribiendo mi día a día. Saber al menos, lo que me puede dar más paz, con la certeza, que cada día me pertenece, que puedo seguir creciendo, no importa la profesión u oficio,  ya que esto no determina quién soy, ni lo exitosa  que pueda llegar a ser, solo lo determina, la formar en que yo he decidido «escribir mi propia historia».

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